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EXPOCOACHING 2014: LA AUTENTICIDAD DEL COACHING

Una vez más, un congreso, una feria o un curso de formación en coaching ponen de manifiesto el impacto positivo de esta disciplina en las vidas de las personas que lo conocen y lo han experimentado y también, en consecuencia, en las organizaciones que lideran.

En ExpoCoaching 2014 ha quedado demostrado, entre otras cosas gracias a las ponencias realizadas por los conferenciantes, que el coaching es mucho más que una mera metodología, que un compendio de herramientas o una rápida salida profesional más. El coaching llega a la dimensión de convertirse en una manera de vivir, de entender las relaciones con los demás y con uno mismo y de, real y verdaderamente, hacer que cada uno asuma las riendas de su propia vida y actúe, en función de ello, con altísimos niveles de responsabilidad y conciencia.

Este es el poder esencial del coaching. Ésta es su autenticidad, como diría Erich Fromm. El coaching es auténtico cuando logra que la persona lidere su vida con pensamientos, sentimientos y acciones que son la expresión de su naturaleza, de sus potencialidades emocionales e intelectuales. Sólo en la medida en que éstas lleguen a expresarse, el ser humano logrará realizarse y –en palabras de Fromm– llegará a ser libre.

Sin embargo hoy en día, nos encontramos con una sociedad y un entorno en los que nos puede resultar difícil acceder a esta libertad a la que se refiere Fromm, ya que experimentamos una brecha entre nuestras emociones y nuestra razón. Esta brecha es la distancia que hay entre ejercer libremente nuestra propia voluntad o actuar como un autómata reprimiendo partes de nuestro yo. Y no hablamos de “hacer algo” en concreto, sino que nos estamos refiriendo a la esencia del carácter creador de las personas; a si actúan de una manera compulsiva o automática en función de las normas creadas desde fuera, o si  bien, lo hacen apelando a las auténticas capacidades humanas del ejercicio de la propia y libre voluntad, cuyo componente fundamental –de nuevo en palabras de Fromm– es el amor auténtico por la expresión de dichas capacidades (humanas).

Esta expresión dinámica del carácter creador, responsable y consciente –al que Stephen Covey llama “proactivo”– es el que nos permite, como seres humanos, no tan solo ser los creadores y diseñadores de nuestra propia vida en función de aquello que realmente más nos apasiona y más nos importa, sino también convertirnos en las personas que podemos llegar a ser, a desarrollar nuestros talentos al máximo y aportarlos al mundo: en trascender, si se quiere, a nosotros mismos y dejar un legado que vaya más allá de nuestra propia existencia.

Si realmente queremos que nuestra vida cambie, nosotros tenemos que cambiar. Si queremos que nuestra vida mejore, nosotros tenemos que mejorar. Sólo así sentiremos el poder que tenemos para hacer que las cosas pasen, sólo así sentiremos el poder de la libertad de ejercer, de manera auténtica, las capacidades y el enorme potencial que tenemos como seres humanos. Como decía Fromm: “No hay nada que nos avergüence más que no ser nosotros mismos y, recíprocamente, no existe ninguna cosa que nos proporcione más felicidad que pensar, sentir y decir lo que es realmente nuestro.”

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