Blog

ENSEÑANZAS DEL FÚTBOL PARA LA VIDA

Hoy en día nos encontramos con futbolistas que se comportan de manera mecánica, que no se conocen a sí mismos y que la única persona que conocen es la que se supone que son, cuyo discurso sin sentido ha reemplazado al lenguaje responsable, cuya risa sintética ha sustituido a la sonrisa auténtica y cuya sensación de oscura desesperación ha ocupado el lugar de la verdadera conciencia.

Esta reflexión del pensador alemán Erich Fromm (1900-1980), aquí parafraseada y adaptada al fútbol, pone de manifiesto los programas inconscientes bajo los cuales actúan muchos futbolistas y deportistas en general. Cabe decir, sin embargo, que este no es un mal endémico solamente visible en el fútbol, sino que también nos afecta como seres humanos en nuestra vida personal. La mayoría de personas actúan en función de las circunstancias que les rodean y que no han creado ellos y en función de las emociones generadas por esas circunstancias y que tampoco controlan o saben controlar; en lugar de actuar en función de sus propias decisiones, basadas en los valores que para ellos son más importantes.

Tomar nuestras propias decisiones

La vida es un 20% lo que te ocurre y un 80% lo que haces con lo que te ocurre. En el fútbol sucede exactamente lo mismo. Por ejemplo, cómo respondes cuando encajas un gol o algo no te sale bien, marca tu futuro en ese partido. Cómo respondes al hecho de no jugar o no tener el rol que tú quieres en tu equipo, marca en buena medida lo que te va a suceder dentro de tu equipo. Lo mismo ocurre cuando cometemos un error o perdemos un partido. Podemos mirar dentro de nosotros, ver qué cosas no hemos hecho lo suficientemente bien y, a partir de ahí, aprender e incorporar esos aprendizajes en nuestra experiencia y convertirnos en mejores personas y deportistas; o bien, podemos culpar a las circunstancias o a terceras personas de lo que nos ha sucedido y creer que no somos responsables, que lo de fuera tiene más poder y más capacidad para decidir nuestros comportamientos y actitudes que nosotros mismos, que somos los que habitamos en nuestro cuerpo.

Podemos creer esto último o también podemos creer que, como seres humanos, tenemos unas capacidades que nos permiten escoger nuestras respuestas, nuestro lenguaje y nuestras actitudes. Y que ejercitar estas capacidades es más una cuestión de ganas y de voluntad que de contar con un entorno o unas circunstancias que lo favorezcan. Al contrario, si escogemos creer que lo de fuera tiene más poder que lo de dentro, entonces dejaremos de crecer como personas y deportistas, porque entonces ya no tendremos nada que aprender. Y si no seguimos aprendiendo, no crecemos. Y si no crecemos, morimos; emocionalmente morimos al sentir que todo en nuestra vida (personal o deportiva) sigue igual y nada cambia. Estamos estancados y la monotonía emocional nos va destruyendo día a día.

¿A qué se debe, entonces, el hecho que nos cueste tanto escoger nuestras propias respuestas? Yo creo que principalmente hay dos razones: la primera, porque es una cuestión de hábitos, es decir, de seguir haciendo lo que siempre hemos hecho, lo que hemos visto y aprendido desde pequeños; y segundo, porque es mucho más fácil culpar a los demás o a las circunstancias de lo que nos sucede, que asumir que no hemos hecho todo lo que podíamos y que hemos sido unos irresponsables.

En definitiva, escojamos lo que escojamos, se trata de saber siempre desde dónde actuamos. De tener claro cuáles son los valores y los principios que queremos que guíen nuestros comportamientos y actitudes y que nos definan como personas y como deportistas. Que definan, en definitiva, cuál es la imagen y la identidad verdadera que queremos, como deportistas y como personas, mostrar a los demás.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *