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EL PODER DE LAS CREENCIAS

¿Qué son las creencias? Básicamente son juicios y evaluaciones sobre nosotros mismos, los demás y el mundo donde vivimos. También son los marcos que delimitan nuestras acciones y nuestras decisiones. En función de cómo pensemos sobre algo, así actuaremos y así obtendremos unos resultados determinados. Veámoslo con un ejemplo.

El 6 de mayo de 1954 pasó a la historia como el día en que se rompió una creencia que estaba muy incrustada en todos los atletas: que no se podía correr la distancia de una milla por debajo de los 4 minutos. Ese día, Roger Bannister corrió una milla en 3 minutos y 59 segundos y cambió las creencias de todos los atletas. Esto facilitó que, en los siguientes nueve años, casi 200 atletas lograran también correr una milla por debajo de los 4 minutos.

Este ejemplo pone de manifiesto que nuestras creencias dan forma y afectan de manera directa a nuestro nivel de inteligencia, salud, relaciones y, por supuesto, de felicidad y éxito personal. Si queremos alcanzar la excelencia, el primer paso tiene que empezar por detectar cuáles serán las creencias que nos ayudarán a conseguir nuestro objetivo.

El éxito atrae al éxito y el fracaso atrae al fracaso

Imaginemos que creemos que no podemos lograr un resultado determinado. Utilicemos un ejemplo muy común: si me enfrento a un rival al cual creo que no tengo posibilidades de ganar, con ese pensamiento en mente, ¿qué capacidades estaré dispuesto a utilizar durante la competición? ¿Rendiré a mi máximo potencial? La verdad es que no utilizaré todo mi potencial ni todas mis capacidades ya que me digo a mi mismo que mis opciones de ganar son escasas o nulas. Con esta misma perspectiva, ¿qué tipo de acciones y comportamientos tomaré? ¿Serán acciones que demostrarán mis capacidades verdaderas? ¿Reflejarán quién soy yo como deportista? ¿O más bien serán sólo una sombra de quién soy? Total, si sé que no voy a ganar, ¿para qué movilizar todos mis recursos y potencial? ¿Para qué realizar un gran esfuerzo para nada? Al final, esta manera de pensar nos lleva a utilizar tan sólo una mínima parte de nuestras capacidades y las acciones que hacemos carecen de solidez, seguridad y consistencia. Con este panorama, ¿qué resultados podemos esperar? Seguramente mediocres o peor que mediocres. Y estos resultados que consideraremos “malos”, a su vez, reforzarán nuestra creencia de que no teníamos ninguna opción de derrotar a nuestro rival.

Así es cómo funciona la espiral de las creencias en el ser humano. Creemos que las cosas son de una determinada manera y en función de ello movilizamos nuestro potencial, tomamos nuestras acciones y obtenemos unos resultados, que vuelven a reforzar nuestras creencias.

Imaginemos ahora que estamos delante de una situación donde creemos a ciencia cierta que triunfaremos. ¿Cuánto de nuestro potencial estaremos dispuestos a utilizar? ¡Todo! En función de esto, ¿qué acciones llevaremos a cabo? ¡Seguramente atacaremos con toda nuestra artillería! Nuestro estado de ánimo es alto, estamos llenos de energía. Al dedicar un gran esfuerzo, ¿qué resultados obtendremos? Es más que probable que sean bastante buenos. Y, ¿cómo influirá esto en nuestras creencias de volver a lograr éxito en el futuro?

Dicho esto, también hay que decir que, por si solas, las creencias positivas no garantizan el éxito, pero sí que nos colocan en mejor disposición para lograrlo. La historia está llena de ejemplos de personas que perseveraron, que mantuvieron la fe y que movilizaron todas sus capacidades y talentos para realizar las acciones que les llevaron a lograr los resultados que perseguían, a pesar de las contrariedades. Si las creencias que tienes no te sirven o no te potencian, está en tus manos el cambiarlas por otras que sí lo hagan.

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