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COACHING DEPORTIVO EN EL FUTBOL BASE

Cuando en los inicios de mi época de emprendedor estudié un MBA, aprendí que las empresas podían dirigirse o bien por valores o bien por resultados. Hoy, ese mismo principio tiene su aplicación en los clubs de fútbol, con los que suelo trabajar a menudo y que tienen dos opciones para definirse: ser un club dirigido por valores y actuar en función de ellos, o bien ser un club orientado a resultados y actuar bajo esos principios. Los clubs que optan por la primera opción creen en la formación y el desarrollo integral de sus jugadores por encima de los resultados. No digo que los resultados no sean importantes, porque sí lo son, pero si la prioridad son los valores primero, entonces nunca se pierde de vista lo que es realmente más importante. Incluso es más que posible que se obtengan mejores resultados por esta vía que por la otra, ya que con ésta cuentas con jugadores más contentos y comprometidos con lo que hacen.

Esta semana pasada he estado de stage con el equipo cadete y juvenil de la Penya Barcelonista Anguera. He podido comprobar que éste es un club que se mueve y actúa por valores. Y el principal valor que fomenta es el crecimiento y desarrollo de sus jugadores. A la ya de por sí rica experiencia que supone convivir con compañeros de equipo, entrenadores y directivos las 24 horas al día durante 7 días, en los cuatro años que la Penya Anguera lleva haciendo este stage, éste ha sido el primero que ha contado con la presencia de un coach deportivo, cuya misión era ofrecer a los jugadores unas pinceladas de las capacidades reales que tienen cuando entrenan y compiten. La presencia de un coach en el stage ha sido posible gracias a que la visión de club de los responsables de la Penya Anguera coincide totalmente con la visión que el coaching tiene sobre las personas: una visión integral. No se trata de que el club sólo vea a un futbolista, sino que vea a la persona en su totalidad, de una manera completa.

Durante el stage, en las sesiones de coaching grupal, se enseñó a los jugadores a que pueden aprender a ser responsables de sus actos ante las provocaciones de los jugadores rivales (a escoger sus propias respuestas en función de sus valores y no de sus emociones del momento). La visión integral del jugador implica que ese mismo aprendizaje le sirve también para el resto de áreas de su vida, para aprender a relacionarse mejor con sus amigos, en la escuela o en casa con sus padres y hermanos. Le sirve también para aprender a tomar sus propias decisiones, para marcarse objetivos alcanzables y crear estrategias de éxito para conseguirlos. Esta visión del jugador como una persona en su totalidad es la que permite incluir el coaching deportivo como una parte más del desarrollo del jugador en estas edades. Al fin y al cabo, se trata de que el club esté plena y verdaderamente comprometido con ayudar a cada uno de sus jugadores a que explore y explote al máximo sus talentos y capacidades. Resultados aparte, quizás esta sea la mejor contribución que un club puede hacer a sus jugadores: ayudarles a que se conviertan en la persona y el futbolista que pueden llegar a ser.

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